Comentario Escolio de la página 18

Escolio transcrito por Volkening:

Negarse a admirar es la marca de la bestia.

Comentario de Volkening:

De la bestia tal vez no, sí del hombre depravado. Sin admirar, en otras palabras, sin sentirse atraído a priori por el sexo secreto de la simpatía en el sentido que le atribuían los herméticos, nadie entenderá ni jota de los Escolios.

Escolio publicado pg. 25

Negarse a admirar es la marca de la bestia.

 

 

Comentario Escolio (I) de la página 15

Escolio transcrito por Volkening:

Cuando se deje de luchar por la posesión de la propiedad privada se luchará por el usufructo de la propiedad colectiva.

Comentario de Volkening:

Y a propósito: ¿Quién nos va a trazar la anatomía de la “Nueva Sociedad” de la Unión Soviética, como en su época trazara Balzac la de la burguesía usufructuaria de las expoliaciones de 1793?

Escolio publicado pg. 22:

Cuando se deje de luchar por la posesión de la propiedad privada se luchará por el usufructo de la propiedad colectiva.

Comentario Escolio (II) de la página 14

Escolio transcrito por Volkening:

(14) Como el triunfo de cualquier virtud mutila a otras, todo “progreso” acarrea un regreso simétrico.

Comentario de Volkening

Desde tiempo atrás estoy seguro de una cosa: Dios debe tener su propio sistema de contabilidad, su peculiarísimo modo de establecer la cuenta de “pérdidas y ganancias”: No hay progreso que no se pague sacrificando algún valor, y ese valor es, las más veces, irrecuperable. ¿Quién me descubre la estatua de Boduognato? en la misma Rue Leopold de Amberes donde vivía Max Elskamp sin más compañía que la de su difícil criado? Y como de Elskamp estamos hablando: las magníficas instalaciones portuarias a orillas del Escalda acaso justifican la despiadada demolición de aquel barrio gótico con sus negros canales, sus lóbregas y fastuosas callejuelas, las flamenquísimas estatuillas de la Virgen en sus nichos, con su olor a pescado, almejas y alquitrán, sus pequeños burdeles, tabernas de marineros, tiendas de chucherías y hoteluchos de mala muerte que hacían las delicias de mi queridísimo poeta? Y qué dolor infernal ha debido sentir cuando se hizo polvo el Amberes de su infancia? ¿Quién pagó eso?

Escolio publicado pg. 22

Como el triunfo de cualquier virtud mutila a otras, todo “progreso” acarrea un regreso simétrico.